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El hambre irremediable de Pelusa
Para ser franca los gatos nunca han sido motivo de mi inspiración. No recuerdo que allá tenido ningún gato en mi infancia. Solo un perrito, que no duro mucho en casa,
Para ser franca los gatos nunca han sido motivo de mi inspiración. No recuerdo que allá tenido ningún gato en mi infancia. Solo un perrito, que no duro mucho en casa,
El pobre....!
Pues mi madre con el traumatismo de las bacterias. Decía que al introducir los dedos de mis manos en mi boca después de tocar al perro, moriría infectada.
Es que mi madre era super matraquillosa. Mi hermano muchas veces le decía, que porque mejor no me metía en una urna de cristal. Al final ella le respondía
- Cuando se enferme yo soy la que tengo que correr con ella.
Yo nunca me enferme aunque no salí de los hospitales tampoco. Ya que la idea bacteriológica de la vieja era tan grande, que me llevaba a hacerme analices al pediátrico de Centro Habana periódicamente.
Así te digo que la mayor parte de mi vida la pase en camiones de mudanzas y en laboratorios para chequear mi salud.
Pero bueno sigamos con el relato de la gata Mimi la que encontré en unas de las foto del blog de una amiga mía llamada Margarita.
Allí fue donde me puse a pensar, porque los gatos me disgustaban tan grandemente y fue que recordé que la culpa la tenia la gata de mi tía Caridad.
Esa gata llamada Pelusa, que es idéntica a la Mimi de mi amiga Margarita.
A mi me encantaba pasarme las semanas de receso y vacaciones escolares en casa de la tía Caridad. No porque fuera buena cocinera, ya que en el arte culinario mi tía no me lleva la delantera. Si yo fatal entre los calderos mi tía es el fatalismo personificado.
Mi querida tía vivía en la calle Villega 102, equina San Juan de Dios. Eso fue antes de que se ganara el bombo y saliera para Miami ella con su esposo.
Aquello del bombo fue una odisea, para poder pagar los tramites cuando mi tía se marchaba. Como la quería tanto done mi equipo de música para su causa justa. Aunque no nos dieron mucho pero para algo sirvió. Aunque la idea que se fuera no me daba ninguna alegría. Es que yo la pasaba muy rico en casa de esa tía mía.
Pero bueno como te iba contando para no salirme del tema. Te comento como me golpeo la gata de mi tía llamada Pelusa.
Fue una semana de receso escolar. Mi madre me dio el permiso y me fui para allí. Así no me aburría pues el hijo más pequeño de mi tía era contemporáneo conmigo.
Ese día habían finalizado de pintar la casa del medico de la familia. Mi primo y yo subimos pa la azotea. Mientras mi tía en la cocina preparaba la cena. Le cogimos a la tía sin que se diera cuenta los huevos de la bodega.
No cogimos muchos, solo agarramos cuatro, dos pa el y dos pa mi. Un pomo de rojo acetil y una jeringuilla vieja. Pinchamos los huevos cuidadosamente introduciéndoles aquel color rojizo. Con el cuidando de no manchar nuestros dedos para no ser descubiertos.
Esperamos un rato para que nadie nos viera y le caímos a huevasos a esa obra maestra.
De veras te lo digo no lo hicimos por maldad. A demás la idea no fue de mi primo, el pobre era tan noble que siempre cargaba las culpas.
Después del bombardeo de huevasos, corrimos para la casa y nos sentamos en la sala, como si no pasara nada.
Mi tía nos aviso que ya estaba lista la cena. Ese día se esmero, yo fui pa la cocina y me serví. Ella hizo un arroz blanco esta vez le quedo desgranado y un bistec bien machucado.
Ahora ya se porque lo machucaba tanto, era para que se estiraran los pequeños pedazos que había picado para que alcanzara.
Mi primo cogió su plato y yo el mio, atrás vino la tía que también se sirvió. En casa de mi tía era una sola una tanda. No había repeticiones porque teníamos que dejar comida para mañana.
Se acomodo con nosotros en aquella mesa espaciosa que adornaba su comedor. Yo como siempre estoy retrasada tuve que virar a la cocina a buscar mi vaso de agua.
Así te digo que la mayor parte de mi vida la pase en camiones de mudanzas y en laboratorios para chequear mi salud.
Pero bueno sigamos con el relato de la gata Mimi la que encontré en unas de las foto del blog de una amiga mía llamada Margarita.
Allí fue donde me puse a pensar, porque los gatos me disgustaban tan grandemente y fue que recordé que la culpa la tenia la gata de mi tía Caridad.
Esa gata llamada Pelusa, que es idéntica a la Mimi de mi amiga Margarita.
A mi me encantaba pasarme las semanas de receso y vacaciones escolares en casa de la tía Caridad. No porque fuera buena cocinera, ya que en el arte culinario mi tía no me lleva la delantera. Si yo fatal entre los calderos mi tía es el fatalismo personificado.
Mi querida tía vivía en la calle Villega 102, equina San Juan de Dios. Eso fue antes de que se ganara el bombo y saliera para Miami ella con su esposo.
Aquello del bombo fue una odisea, para poder pagar los tramites cuando mi tía se marchaba. Como la quería tanto done mi equipo de música para su causa justa. Aunque no nos dieron mucho pero para algo sirvió. Aunque la idea que se fuera no me daba ninguna alegría. Es que yo la pasaba muy rico en casa de esa tía mía.
Pero bueno como te iba contando para no salirme del tema. Te comento como me golpeo la gata de mi tía llamada Pelusa.
Fue una semana de receso escolar. Mi madre me dio el permiso y me fui para allí. Así no me aburría pues el hijo más pequeño de mi tía era contemporáneo conmigo.
Ese día habían finalizado de pintar la casa del medico de la familia. Mi primo y yo subimos pa la azotea. Mientras mi tía en la cocina preparaba la cena. Le cogimos a la tía sin que se diera cuenta los huevos de la bodega.
No cogimos muchos, solo agarramos cuatro, dos pa el y dos pa mi. Un pomo de rojo acetil y una jeringuilla vieja. Pinchamos los huevos cuidadosamente introduciéndoles aquel color rojizo. Con el cuidando de no manchar nuestros dedos para no ser descubiertos.
Esperamos un rato para que nadie nos viera y le caímos a huevasos a esa obra maestra.
De veras te lo digo no lo hicimos por maldad. A demás la idea no fue de mi primo, el pobre era tan noble que siempre cargaba las culpas.
Después del bombardeo de huevasos, corrimos para la casa y nos sentamos en la sala, como si no pasara nada.
Mi tía nos aviso que ya estaba lista la cena. Ese día se esmero, yo fui pa la cocina y me serví. Ella hizo un arroz blanco esta vez le quedo desgranado y un bistec bien machucado.
Ahora ya se porque lo machucaba tanto, era para que se estiraran los pequeños pedazos que había picado para que alcanzara.
Mi primo cogió su plato y yo el mio, atrás vino la tía que también se sirvió. En casa de mi tía era una sola una tanda. No había repeticiones porque teníamos que dejar comida para mañana.
Se acomodo con nosotros en aquella mesa espaciosa que adornaba su comedor. Yo como siempre estoy retrasada tuve que virar a la cocina a buscar mi vaso de agua.
Al regresar me senté ocupando mi lugar, pero al mirar mi plato algo faltaba.
"Estaba el arroz, aquel plátano maduro, la salsa con cebolla"
"Estaba el arroz, aquel plátano maduro, la salsa con cebolla"
- Ehh que es esto....!
El bistec machucado se había extraviado, esfumado como arte de magia. Yo pensé que había sido mi primo porque el era bien comilón y empece a gritar.
- Te comiste mi bistec. No te lo voy a perdonar.
Mi primo me miro con asombro, pensó que era una de mis ideas para apoderarme de su cena.
- No mi prima no te lo cogí.
Me decía mientras agarraba fuertemente su comida. Mi pobre tía se disgusto con mi primo, le preguntaba una y otra vez donde estaba mi bistec. Cuando el comienza a reír apuntando para la ventana, mientras mi tía tremendo regaño le daba.
Allí estaba Pelusa saboreando mi bistec.
Allí estaba Pelusa saboreando mi bistec.
- Hay mi prima Pelusa te la aplico....!
Ese día llore mucho, creo no estoy segura que en ese momento odie a Pelusa. Ahora mas bien la entiendo y me compadezco de ella. Que solo se salvaba con el resto de la cena.
Del resto de la cena yo no te comento. En casa de la tía dejaba el plato limpio, era más bien ella la que se sentaba a comer separando en su plato lo que le daría a Pelusa al terminar.
En el lío del bistec escuchamos una gritería, mi tía salio al balcón. Habían muchas personas afuera en la calle. Aquello parecía una reunión. De repente tocan la puerta, ella se dije a abrir. Era una vecina que le venia a comunicar que unos antisociales a la casa del medico a huevasos le cayeron.
Mi tía regreso al balcón, allí ante sus ojos vio la obra maestra de aquellos niños traviesos. Nosotros también corrimos a mirar con la tía.
La vecina nos apuro y bajamos todos las escaleras.
Los vecinos reunidos y un señor bien delgado hacia un discurso. Acusando a la tiranía de aquellos huevos tirados.
Mi primo y yo nos miramos con deseos de reír.
Del resto de la cena yo no te comento. En casa de la tía dejaba el plato limpio, era más bien ella la que se sentaba a comer separando en su plato lo que le daría a Pelusa al terminar.
En el lío del bistec escuchamos una gritería, mi tía salio al balcón. Habían muchas personas afuera en la calle. Aquello parecía una reunión. De repente tocan la puerta, ella se dije a abrir. Era una vecina que le venia a comunicar que unos antisociales a la casa del medico a huevasos le cayeron.
Mi tía regreso al balcón, allí ante sus ojos vio la obra maestra de aquellos niños traviesos. Nosotros también corrimos a mirar con la tía.
La vecina nos apuro y bajamos todos las escaleras.
Los vecinos reunidos y un señor bien delgado hacia un discurso. Acusando a la tiranía de aquellos huevos tirados.
Mi primo y yo nos miramos con deseos de reír.
- Aquel huevo pinchado mira lo que había formado.
Hace poco hablando con la tía. Le recordé del episodio de los huevos. Ella se quedo asombrada nunca pensó que yo. Su querida sobrina fuera a hacer cosas tan feas.
Pero de verdad lo del huevo fue solo un juego de dos niños aburridos.
Lo de Pelusa fue el deseo de probar un manjar diferente. Por eso se arriesgo a mi ira
arrebatando de mi plato aquel bistec machucado que hacia la tía.
Melba Mercedes Almeida
25-03-09
Pero de verdad lo del huevo fue solo un juego de dos niños aburridos.
Lo de Pelusa fue el deseo de probar un manjar diferente. Por eso se arriesgo a mi ira
arrebatando de mi plato aquel bistec machucado que hacia la tía.
Melba Mercedes Almeida
25-03-09